Una primera respuesta podría ser que nunca estuvo en los planes que abriera. Que la convocatoria a extraordinarias del verano fue una respuesta efectista a un reclamo de la ciudadanía que siente que paga muchos impuestos para sostener a un Congreso que no trabaja. Pero poner en funcionamiento al Parlamento en el verano supone un esfuerzo logístico demasiado grande en medio de las vacaciones ya otorgadas a los empleados legislativos.

Los últimos días de noviembre, antes de asumir, Sergio Massa soñaba con una amplia agenda parlamentaria. Pensaba en extraordinarias durante todo enero, sancionando temas importantes como el Presupuesto o el (heredado) reperfilamiento de la deuda. Lo mandaron a callar.

Se aprobó lo más rápido posible la emergencia económica y después el Congreso se llamó a silencio. Quedó colgando la suspensión del pacto fiscal y, más por necesidad que por convicción, el Gobierno amplió el temario de extraordinarias para incluir una reforma a las jubilaciones “especiales”.




Bomba de humo: no hay hasta ahora ningún proyecto concreto para tratar sobre el tema. Cuando no querés que nada pase, creá una comisión.

Sergio Massa, presidente de Diputados, acordó con la oposición hacer una sesión el 22 de enero. Para tratar la suspensión del pacto fiscal y algún otro tema que enviara el Poder Ejecutivo. Para calmar a la opinión pública dijeron que estaban analizando hacer otra el 8 de enero, aunque tanto oficialismo como oposición sabían que era imposible.

Todos esperaban que el Gobierno presentara sus proyectos. El presidente Alberto Fernández insistía (por los medios) que ya tiene al menos dos grandes leyes redactadas: la creación del Consejo Económico y Social y la reforma judicial. Pero ninguna de las dos iniciativas ingresó por la mesa de entradas ni de Diputados ni del Senado.

Los tiempos se aceleraron. Sin ampliación de extraordinarias, sin proyectos que tratar y sin las comisiones constituidas, no tenía mayor sentido hacer la sesión del 22.

Esto le hicieron saber a Massa diputados del oficialismo y también de la oposición. “Queda en manos del Poder Ejecutivo remitir proyectos de ley anunciados por los medios y llamar a extraordinarias fijando un nuevo temario. No depende de Juntos por el Cambio estas acciones”, se quejaron desde el principal bloque opositor.

En el oficialismo también aparecieron tensiones. Pretendían que el Ejecutivo mande los proyectos para dar una imagen de actividad de la Cámara de Diputados. Pero no pasó. Les apuntan a la Jefatura de Gabinete (Santiago Cafiero) y a la Secretaría Legal y Técnica (Vilma Ibarra) por la demora.

Como sea, la primera sesión del año en Diputados sería el 6 de febrero, si es que el Ejecutivo manda los temas a tiempo para constituir las comisiones, dar dictamen y tratarlos.

En el Senado la cuestión es similar. Se agrega otro tema de tratamiento que es la designación de Daniel Rafecas al frente de la Procuraduría. Se necesitan 48 para garantizar la votación y el Frente de Todos tiene 46 con viento a favor. Podría apelar a algunas ausencias en Juntos por el Cambio.

Cristina, recién llegada de Cuba, no está para sobresaltos. También decidió pasar todo para febrero. Habla todos los días con Alberto. Seguramente él estuvo de acuerdo.

Desde 2002, las Cámaras no sesionan en enero. Y este 2020 de crisis no será excepción. Hubo bombas de humo, pero finalmente se cumplió la premonición: a todos les conviene tener cerrado al Congreso en el verano.